A comienzos del siglo XXI, la Agrupación de Granaderos vivió una etapa marcada por dos formas muy distintas de entender su esencia. Durante los primeros años, aún latía el legado heredado desde 1994 por la familia de Diego Lledó Fajardo y, anteriormente, entre 1986 y 1993, por Jesús Egea. Era una herencia basada en tradición, respeto y continuidad. Sin embargo, a medida que avanzaba la década, ese espíritu comenzó a diluirse, sustituido por un creciente afán de protagonismo que parecía ignorar todo aquello que se había construido con tanto cuidado.
Poco a poco, comenzaron a surgir cambios difíciles de explicar. Las charreteras aparecieron adornadas con flecos que nadie recordaba haber aprobado; las levitas se alargaron más de lo habitual, adaptándose a tallajes cuestionables; y algunos arreglos se resolvían de forma improvisada, incluso con pegamento rápido. Las modificaciones no se detenían ahí: se alteró la formación tradicional de los Granaderos Marrajos, se recuperó una segunda escolta en la bandera —contradiciendo decisiones anteriores que respetaban la tradición— y, en general, se adoptaban medidas sin el consenso necesario ni el paso por la Junta de Arte.
Las dudas no tardaron en multiplicarse. ¿Quién tomaba realmente esas decisiones? ¿Con qué criterio se concedían medallas a quienes no cumplían los requisitos establecidos, como en el caso de la cruz de Martín Álvarez, reservada a quienes desfilaban durante 25 años? La respuesta parecía señalar directamente al entonces presidente de los Granaderos Marrajos, quien actuaba con amplia libertad, sin asesoramiento militar en cuestiones de uniformidad y sin un verdadero respeto por la historia de la agrupación.
En ese contexto, muchos miembros se sintieron partícipes involuntarios de una especie de representación, donde alcanzar la mayoría de edad implicaba una disyuntiva: dedicarte por completo a los Granaderos o arriesgarte a ser considerado una persona non grata. Mientras tanto, decisiones internas y gestiones discutibles dejaban a numerosos granaderos por el camino, víctimas de una dinámica cada vez más excluyente.
A estas tensiones se sumaban interrogantes aún sin respuesta: el paradero de los álbumes fotográficos financiados por la Agrupación entre 1986 y 2005, la falta de claridad en los inventarios del almacén, la ausencia de una contabilidad transparente… Todo ello alimentaba un clima de desconfianza que, desde 2006 en adelante, desembocaría en enfrentamientos incluso entre los propios Granaderos Marrajos, quienes, en realidad, no eran responsables de la situación.
Lejos de tratarse únicamente de decisiones presidenciales, muchas de estas acciones parecían impulsadas por un vicepresidente que operaba al margen del consenso de la Junta Directiva. Aunque en más de una ocasión recibió reproches, estos no lograron frenar su comportamiento, marcado por una constante búsqueda de protagonismo. Incluso en actos públicos, su afán por aparecer en primera línea —especialmente junto a los cadetes— evidenciaba su intención de dejar huella, de asegurarse un lugar en la memoria colectiva, aunque fuera a costa de la tradición.
Así, entre los años 2000 y 2005, la Agrupación de Granaderos inició una transformación compleja y polémica. Un periodo que, visto con perspectiva, invita a analizar con objetividad cómo se pasó de custodiar una herencia histórica a reinterpretarla bajo intereses que, en ocasiones, poco tenían que ver con su verdadero significado.
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| Componentes del Tercio de Granaderos Marrajos Portando a la Stma. Virgen de la Piedad Foto de José María Navarro Cayuela - 2.000 |
El Sábado Santo, como ya marcaba la costumbre, la Agrupación de Granaderos Marrajos celebró su tradicional cena de Hermandad en el “Restaurante Florida”, dando comienzo a la medianoche. El ambiente estaba impregnado de camaradería y emoción, propio de quienes comparten no solo una tradición, sino también un profundo sentimiento de pertenencia.
Tras la cena, y siguiendo una tradición ya consolidada, los componentes del Tercio de Granaderos rindieron homenaje a dos figuras destacadas. Diego Lledó Fajardo fue nombrado “Mariscal de los Tercios de Granaderos Marrajos”, mientras que D. Tomás del Pozo García recibió el título de “Mariscal del Tercio de Caballeros Cadetes”. Ambos nombramientos fueron entregados por el Hermano Mayor, quien había aprobado esta distinción tras recibir la solicitud formal el 16 de junio de 1999.
A continuación, el Presidente de la Agrupación hizo entrega del “Escudo de Oro de la Agrupación” a D. Francisco Jiménez Ballester, en reconocimiento a su incansable generosidad y apoyo, especialmente al ceder desinteresadamente sus salones, mesas y sillas para celebraciones como la Cruz de Mayo. En su nombre, recogió el galardón su hijo, Francisco Jiménez Cervantes.
Cuando parecía que el acto llegaba a su fin, aún quedaba uno de los momentos más emotivos de la noche. Los miembros del Tercio de Granaderos y de los Caballeros Cadetes sorprendieron a los asistentes con un nuevo reconocimiento: la entrega del Escudo de Oro de la Agrupación a Doña María Luisa Pena. La emoción se hizo palpable en la sala, entre aplausos cálidos y lágrimas sinceras. Era un homenaje profundamente merecido en un momento especialmente difícil para la familia Lledó-Pena. Más allá de su delicada situación de salud, lo que se reconocía era su entrega constante, su humildad para resolver problemas y la serenidad que transmitía en los momentos complicados. Valores que, sin duda, superaban cualquier adversidad.
Concluida la Semana Santa del año 2000, se convocó el capítulo de Comisarios y Consiliarios para proceder a la elección de Presidente. La terna quedó formada por Diego Lledó Fajardo —quien, pese a la enfermedad de su esposa, aceptó con gran esfuerzo—, Tomás del Pozo García y José Alberto López Truque.
Llegado el día de la Junta General, José Alberto López Truque tomó la palabra para anunciar su retirada de la candidatura, argumentando que consideraba a Diego Lledó Fajardo como la persona más humilde y conocedora de la gran familia que formaban los Granaderos. Sus palabras fueron respaldadas por Tomás del Pozo García, lo que provocó un intenso aplauso unánime entre los asistentes.
Así, con el apoyo de todos, Diego Lledó Fajardo fue proclamado Presidente para el periodo comprendido entre 2001 y 2004, iniciando una nueva etapa al frente de la Agrupación marcada por el reconocimiento, la unidad y el compromiso compartido.
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| Diego Lledó Fajardo - Presidente de la agrupación de Granaderos Marrajos 1994-2001 Foto de Diego Lledó Fajardo |
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| Nombramiento de Madrina de Doña María del Carmen Martínez Macías 2.001 Foto de José María Navarro Cayuela |
Tras la reunión de la Directiva en la que debía decidirse la concesión del prestigioso premio “Morrión de Oro”, se tomó una decisión poco habitual: el galardón quedó desierto. Aquel año, nadie fue considerado merecedor de tan distinguido reconocimiento, dejando un silencio significativo en torno a uno de los honores más esperados dentro de la Agrupación.
Sin embargo, los meses siguientes no estuvieron exentos de sucesos llamativos. Como anécdota, la noche del 9 de marzo de 2001, a las 23:00 horas, un componente de la Banda de Tambores y Cornetas acudía a la Comisaría de Cartagena para denunciar la sustracción de su vehículo. En su interior se encontraban, además, su traje de granadero y diversas pertenencias personales. Un hecho desafortunado que no tardaría en verse acompañado por otro episodio igual de inquietante.
Poco tiempo después, desaparecieron los antiguos mosquetones con los que se realizaban los ensayos. Estas piezas, cargadas de historia, se guardaban en la cerca de butano del parking del Excmo. Ayuntamiento de Cartagena. A pesar de su valor patrimonial, no se presentó denuncia alguna por su desaparición. Tiempo más tarde, uno de aquellos mosquetones apareció durante una redada en Los Campanos. Al conocer que existía la posibilidad de reclamarlo, se comunicó al Vicepresidente, D. Tomás del Pozo, quien, de manera tajante, respondió que se olvidara del asunto. Aquella decisión dejó en el aire la pérdida de un elemento que había acompañado a los Granaderos durante décadas en sus desfiles.
En medio de estos acontecimientos, la Agrupación continuaba con su organización interna de cara a la Cuaresma de 2001. Se produjo entonces un relevo en el puesto de Cabo de Escuadra: Miguel Acosta Carrasco fue sustituido por Daniel Martínez Pérez. La estructura del Tercio quedó cuidadosamente definida: una Escuadra compuesta por 13 miembros, acompañada por un Oficial de Bandera y un Oficial de Escolta de Bandera —este último designado por el Hermano Mayor para garantizar la correcta visibilidad del escudo, siguiendo además una antigua norma—. A ellos se sumaban un Oficial Jefe del Tercio, un Guión de Mando, un Cornetín de Órdenes, tres Oficiales de Sección, tres Sargentos Guiones y dieciséis Fusileros.
En total, el Tercio contaba con 40 componentes, a los que se añadían los 14 integrantes de la Banda de Tambores y Cornetas y 10 músicos más, conformando así un conjunto sólido y perfectamente estructurado, preparado para afrontar una nueva etapa con disciplina, tradición y orgullo.
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| Madrugada del año 2.000 Miguel Acosta Carrasco y José A. López Truque Foto de José María Navarro Cayuela |
Aquel instante del pasacalles, quedó grabado en la memoria de todos como uno de los más profundos y conmovedores vividos por la Agrupación. El pasacalle se detuvo ante la casa de Diego Lledó, y todas las miradas se alzaron hacia el balcón, donde se encontraba María Luisa. El tiempo pareció detenerse cuando comenzaron a sonar las dianas floreadas, seguidas de la solemne llamada de Comisarios. En ese preciso momento, el silencio interior de los granaderos contrastaba con la fuerza de la música: firmes, inmóviles, sin apenas parpadear, rendían un homenaje cargado de respeto, cariño y admiración. Sin embargo, la emoción era imposible de contener del todo. Algunos luchaban por mantener la compostura, como Juan Rodríguez, el propio Diego Lledó o Jerónimo, Presidente del Cáliz, quienes, con la mirada firme, trataban de disimular unas lágrimas que hablaban por sí solas. Fue un acto sincero, humano y profundamente sentido, en el que el honor y el afecto se fundieron en un mismo latido.
Días antes, durante el pasacalle del Viernes de Dolores del Tercio de Caballeros Cadetes, se había vivido también un momento especial con el nombramiento de Madrina del tercio a la señorita María José Murcia Carrión. El reconocimiento le fue entregado en el “Restaurante Florida”, en un ambiente de celebración y orgullo compartido.
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| Sábado Santo de 2001 - Escolta a la Stma. Virgen de la Soledad desde las 10:00h hasta las 17:30h Foto de José María Navarro Cayuela |
Tras el paso de la Semana Santa, la Agrupación retomó su actividad en el seno de la Junta Directiva, donde por primera vez se abordó un tema que llevaba tiempo generando malestar: la concesión de los Escudos de Oro durante la cena del Sábado Santo. Hasta entonces, la Junta no participaba ni en la propuesta ni en la votación de los galardonados. Las decisiones recaían directamente en el Vicepresidente, y en ocasiones ni siquiera se informaba previamente de los nombramientos. Algo similar ocurría con el reconocimiento del “Morrión de Oro”, cuya concesión parecía estar decidida de antemano, priorizando en algunos casos el donativo por encima de los méritos reales hacia la Cofradía Marraja y los Granaderos. El descontento de Diego Lledó era más que comprensible, aunque, al verse implicadas cuestiones personales, las explicaciones acabaron derivando en tensiones y discusiones.
A pesar de ello, la actividad de la Agrupación continuó. Como en años anteriores, la Sección de Honores, conocida como “los Blancos”, participó dando piquete en la procesión del Corpus, realizando además por primera vez sus ensayos en el Parque de Artillería, lo que marcó un pequeño hito en su organización.
Pero el verano de 2001 trajo consigo una noticia devastadora. En el mes de agosto, los Granaderos Marrajos recibieron uno de los golpes más duros que podían imaginar: el fallecimiento de su Presidenta, María Luisa Pena. La incredulidad se apoderó de todos; nadie quería aceptar aquella realidad. Mientras tanto, Diego Lledó y su familia apenas encontraban fuerzas para expresar el inmenso dolor que les embargaba.
La Agrupación entera quedó sumida en el luto. Fue en septiembre, en la Iglesia de Santa María de Gracia, donde se celebró una misa en su memoria, organizada por los propios Granaderos. La huella de María Luisa había sido tan profunda que el templo tuvo que abrir sus puertas ante la multitud de personas que acudieron a rendirle homenaje y a rezar por el descanso de su alma.
En medio de ese clima de tristeza, y con Diego Lledó completamente destrozado, se planteó que la Sección de Honor participara como despeje en la procesión de la Santísima Virgen del Rosell en diciembre. Los ensayos y la formación corrieron a cargo del Oficial del Tercio, José Alberto López Truque, mientras que la salida fue dirigida por el Presidente en funciones, D. Tomás del Pozo García.
El nuevo año comenzó con incertidumbre. A mediados de enero, en torno a las ocho de la tarde, el Vicepresidente, Tomás del Pozo García, se presentó en mi casa acompañado de su esposa. Su estado era evidente: nervioso, agitado, preocupado. Tras sentarse, me comunicó que Diego Lledó iba a presentar su dimisión y que, antes de que la Cofradía designara un Comisario General, yo debía asumir la presidencia. Mi respuesta fue rotunda: no. A pesar de sus insistentes intentos, le expliqué una y otra vez que mi deseo era continuar en mi labor habitual, ocupándome del almacén, los ensayos, los informes y la organización de los desfiles.
Con el paso del tiempo, he llegado a arrepentirme de aquella decisión. Quizá muchas cosas habrían sido diferentes.
La conversación continuó, y le recordé que él era el Presidente en funciones y que, tras la Semana Santa, debería formarse una nueva terna. Fue entonces cuando me confesó que había solicitado a Diego Lledó que presentara su dimisión el Miércoles de Ceniza, aprovechando que, en ese momento, la Cofradía no podría intervenir.
Ante aquella situación, lo primero era conocer el estado económico de la Agrupación, ya que el resto de aspectos —ensayos, formación, vestuario— estaban bajo control. A partir de ahí, se inició el trabajo organizativo: solicitar los permisos necesarios para el acto de Martín Álvarez ante la Junta de Obras del Puerto, preparar cartas de presentación y realizar visitas tanto a instituciones oficiales como a particulares. En todo ese proceso, colaboré plenamente con el Presidente en funciones, aportando mi esfuerzo para mantener en pie el funcionamiento de la Agrupación en un momento especialmente delicado.
SALDO
INICIAL
|
312.000
|
LOTERÍA
NAVIDAD 2001 Y NIÑO 2002
|
62.000
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COFRADÍA
MARRAJA APORTACIÓN MORRIONES
|
306.000
|
CUOTA VESTUARIO
TERCIO DE GRANADEROS
|
171.500
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RECIBOS
TERCIO DE GRANADEROS 40 COMPONENTES
|
80.000
|
CUOTA VESTUARIO
TERCIO DE CADETES
|
411.000
|
RECIBOS DE
CADETES 45 COMPONENTES
|
90.000
|
DONATIVOS
VARIOS
|
940.392
|
APORTACIÓN COFRADÍA MARRAJA
|
450.000
|
SUMA
|
2.822.892
|
BANDA DE
TAMBORES Y CORNETAS
|
625.000
|
|
CHARANGA
|
485.000
|
|
CADETES TAMBORES
Y CORNETAS
|
196.000
|
|
CORNETÍN SEMANA
SANTA
|
70.000
|
|
CORNETÍN
38 ENSAYOS A 1.500
|
57.000
|
|
TAMBOR 44 ENSAYOS A 1.500
|
66.000
|
|
SUMA Y
SIGUE
|
1.499.000
|
|
MORRIONES
|
456.000
|
|
CONFITERÍA
AÑO 2.001
|
18.000
|
|
CONFITERÍA
AÑO 2.002
|
18.000
|
|
DESAYUNO
PASACALLES FLORIDA
|
30.000
|
|
DESAYUNO
CADETES DONATIVO
|
27.000
|
|
MERIENDA
CADETES DONATIVO
|
27.000
|
|
CENA
TERCIO VIERNES SANTO
|
106.480
|
|
CENA BANDA
DE CADETES VIERNES SANTO 12 X 1.600 PTAS.
|
19.200
|
|
MORRIÓN DE
ORO
|
15.000
|
|
INVITACIÓN
CENA MORRIÓN DE ORO - MORRIÓN Y SRA.
|
5.600
|
|
INVITACIÓN
CENA MORRIÓN DE ORO PRIMER COMISARIO
|
5.600
|
|
INVITACIÓN
CENA MORRIÓN DE ORO DOS GRANADEROS
|
5.600
|
|
IMPRENTA
MORRIÓN DE ORO
|
10.000
|
|
RAMOS
FLORES SRA. MORRIÓN DE ORO
|
6.000
|
|
RAMOS
FLORES MADRINA
|
6.000
|
|
RAMOS
FLORES VIRGEN DE LA CARIDAD
|
6.000
|
|
CORONA
ACTO HÉROES DE CAVITE
|
10.000
|
|
ALMACÉN Y
SOMBRERÍA
|
200.000
|
|
NOMBRAMIENTOS
DE MADRINAS
|
20.000
|
|
METOPAS
AUTORIDADES
|
50.000
|
|
SECRETARIA
|
30.000
|
|
CORONAS
|
50.000
|
|
BELÉN NAVIDAD
|
50.000
|
|
TINTORERÍA
100 UNIFORMES A 1.000 PESETAS
|
100.000
|
|
SUMA
|
1.271.480
|
INGRESOS
|
2.822.892
|
GASTOS
|
2.770.480
|
SALDO A
FECHA 02 DE ABRIL DEL 2002
|
52.412
|
Pone la
cofradía marraja
|
756.000
|
El cierre del ejercicio, presentado por el Presidente en funciones, D. Tomás del Pozo García, llegó acompañado de una nota correspondiente al periodo 2002/2003. Sobre el papel, se pretendía ofrecer una visión clara de la situación económica de la Agrupación, pero pronto comenzaron a surgir dudas que empañaban la supuesta transparencia de las cuentas.
Las cifras, lejos de aclarar, generaban una evidente contradicción. Según la justificación presentada, las cuotas de hermanos correspondían a 40 Granaderos y 45 Cadetes, sumando un total de 95. Sin embargo, al contrastar estos datos con el listado real de cuotas, solo figuraban 34 Granaderos y 41 Cadetes al corriente de pago. La diferencia no era menor. Más aún, si se tenía en cuenta que el número total de hermanos ascendía a 178, el desfase resultaba alarmante: 103 hermanos no aparecían reflejados en ningún registro de pago. Traducido a cifras, esto suponía 206.000 pesetas que simplemente no estaban en ninguna parte. La situación exigía explicaciones claras, y se hacía imprescindible abordar el asunto directamente con Tomás.
Las irregularidades no terminaban ahí. Faltaban justificantes de gastos esenciales como tintorería, secretaría, almacén, sombrerería o metopas de autoridades. La gestión contable mostraba signos evidentes de desorden: pagos sin respaldo documental sólido, justificantes improvisados en simples trozos de papel o incluso extraviados. Resultaba difícil comprender cómo se podían justificar 40.000 pesetas en el cosido de cuellos y puños cuando, en la entrega del vestuario, estos seguían presentando suciedad. Aquella forma de llevar las cuentas no solo era obsoleta, sino que dejaba demasiadas incógnitas abiertas. La necesidad de implantar un sistema contable más riguroso, estructurado y transparente —similar al de una empresa, con todos los movimientos canalizados a través del banco— se convertía en algo urgente e ineludible.
A pesar de estas tensiones internas, la actividad de la Agrupación continuaba. El 2 de febrero de 2002 se reunió el jurado del Premio “Morrión de Oro”, que recayó en Ángel Márquez Delgado, reconocido Marrajo y gran colaborador de los Granaderos. La semblanza fue realizada por Antonio González el 23 de febrero, en un acto cargado de reconocimiento.
Ese mismo año se nombró Madrina de la Agrupación de Granaderos Marrajos a doña María José Murcia Paz, mientras que el Tercio de Caballeros Cadetes designó como Madrina a la señorita María José Murcia Carrión, reforzando así los lazos de tradición y representación.
En el plano material, la Cofradía costeó el estreno de nuevos morriones destinados a la Escuadra, Oficiales y Sargentos, que se sumaban a los ya estrenados el año anterior por el Tercio de Caballeros Cadetes. Además, gracias a la colaboración de Eduardo Vilar, la Banda de Tambores y Cornetas incorporó nuevas madrapas bordadas en oro con el escudo de la Agrupación, financiadas dentro del mismo presupuesto.
De cara a la Semana Santa de 2002, el Tercio de Granaderos presentó una formación sólida: 13 miembros en Escuadra, junto a oficiales, sargentos y fusileros, alcanzando un total de 41 componentes, además de 14 integrantes en cornetas y tambores y 9 músicos. Por su parte, el Tercio de Caballeros Cadetes contó con 45 componentes en formación, acompañados por su propia sección musical, consolidando así la presencia y el orden de ambos tercios en los desfiles procesionales.
| Ofrenda a la Stma. Virgen de la Caridad Tercio de Granaderos y Caballeros Cadetes - Lunes Santo de 2.003 Foto de José María Navarro Cayuela |
Al asumir el cargo, uno de los principios que marqué desde el primer momento fue claro e innegociable: la necesidad de implantar una contabilidad rigurosa, propia de una empresa. Todos los ingresos —ya fueran cuotas de desfile o recibos— debían canalizarse exclusivamente a través del banco, y cada gasto debía ajustarse estrictamente a un presupuesto previamente establecido. No se trataba solo de ordenar números, sino de ejercer un control constante y responsable sobre cada movimiento económico, vigilando que todo respondiera a criterios de transparencia y coherencia.
Durante el ejercicio 2002/2003, la Agrupación de Granaderos Marrajos estaba formada por un total de 210 hermanos. De ellos, 144 contaban con ficha completa y estaban correctamente domiciliados, mientras que 66 permanecían aún pendientes de regularizar su situación. A pesar de ello, la planificación económica permitió sostener la actividad sin necesidad de recurrir a aportaciones de la Cofradía Marraja, algo que no solo resultó viable, sino que se mantuvo en los ejercicios posteriores, entre 2003 y 2005.
El resultado de esta gestión no pasó desapercibido. La claridad y el orden en la contabilidad generaron el reconocimiento del Hermano Mayor, quien llegó a ponerla como ejemplo durante la Junta de Mesa celebrada tras la Semana Santa de 2003. Aquella forma de trabajar demostraba que, con organización y compromiso, era posible garantizar la estabilidad económica de la Agrupación.
Paralelamente, se abordó otra tarea fundamental: la creación de un archivo documental sólido. Hasta entonces, la Cofradía Marraja apenas disponía de documentación sobre los Granaderos Marrajos, evidenciándose la ausencia de libros de actas tanto de juntas directivas como de juntas generales. Persistía además la costumbre de conservar documentos en domicilios particulares, lo que dificultaba su conservación y consulta.
Con el inicio de esta nueva etapa, se impulsó un cambio significativo. Entre 2002 y 2005, toda la documentación generada fue recopilada y entregada de forma sistemática a la Cofradía, acompañada de una memoria anual. De este modo, no solo se organizó el presente, sino que también se empezó a construir, con responsabilidad, la memoria histórica de la Agrupación.
Desde el principio, la situación evidenciaba una contradicción difícil de ignorar: una directiva amplia en apariencia, pero ineficaz en la práctica. Resultaba demasiado fácil contar con numerosos cargos y nombres sobre el papel, mientras el peso real del trabajo recaía siempre sobre el mismo. La figura del Vicepresidente, terminaba siendo imprescindible para resolver cualquier contratiempo, y tareas básicas como la redacción de cartas o la gestión de nombramientos quedaban, en la práctica, en manos de quien ya tenía suficiente carga. Lo mismo ocurría con el almacén, donde fue necesario implicarse directamente para llevar a cabo, por primera vez, un inventario. Aquella Junta Directiva, extensa pero desdibujada, parecía activarse solo en momentos puntuales: algunos acudían cuando “sonaba el cohete”, otros permanecían ausentes, ya fuera por la distancia o por desinterés. En definitiva, había muchas manos, pero pocos verdaderos trabajadores.
En este contexto, el primer acto destinado a recaudar fondos fue la tradicional cena de Veteranos, organizada con motivo del CCIV Aniversario de la Escolta Granadera por los Hermanos de la Cofradía a Nuestro Padre Jesús Nazareno. El evento tuvo lugar el sábado 9 de noviembre de 2002 en los salones del Restaurante Florida, y logró unos beneficios de 1.357,50€, convirtiéndose en un pequeño pero significativo avance dentro de una estructura que necesitaba más implicación real.
Poco después, el 14 de diciembre, el presidente envió una carta de condolencias a la Agrupación de Granaderos Californios por el fallecimiento de su presidente, D. José Antonio Amador, cuya pérdida fue profundamente sentida en el ámbito procesionista.
La Navidad de 2002 también dejó constancia de la actividad institucional, con el envío de felicitaciones a los Hermanos de la Agrupación de Granaderos Marrajos, así como a distintas autoridades civiles y militares, incluyendo a presidentes de agrupaciones y a la Junta del Hermano Mayor. Sin embargo, estos gestos formales contrastaban con la realidad interna descrita al inicio, donde la implicación efectiva seguía siendo el verdadero desafío.
El 5 de enero, como ya era tradición desde 1999 —año en el que el actual presidente de la Agrupación, D. Tomás del Pozo García, impulsó la iniciativa de que los componentes del tercio exaltaran un Belén viviente— se volvió a celebrar la Recepción de los Reyes Magos. El escenario, una vez más, fue la explanada del Ayuntamiento, junto a las cocheras del Gobierno Militar, donde la actividad se consolidaba ya como una cita esperada dentro del calendario festivo.
Poco después, el 26 de enero, la Agrupación de Granaderos Marrajos celebró en el local social de la Cofradía Marraja la Junta General de Formación de los Tercios de Granaderos, un encuentro clave para la organización interna y la preparación de los desfiles.
Gracias a la colaboración desinteresada del Excmo. Ayuntamiento de Cartagena, los ensayos del Tercio de Granaderos pudieron comenzar el lunes 27 de enero en el parking del propio Ayuntamiento. Desde ese momento, las prácticas se desarrollaron de lunes a jueves, en horario de 21:00 a 22:30 horas, manteniendo una disciplina constante hasta el sábado 15 de marzo, día en que se realizó el ensayo general. Tras este último, el presidente de la Agrupación, junto con su Junta Directiva, dio el visto bueno al Tercio de Granaderos para su participación en los desfiles de la Semana Santa, culminando así un ciclo de 25 ensayos tradicionales que marcaban la preparación completa del tercio.
| Ensayo Caracol del tercio de Caballeros Cadetes 2003 Foto 526/1093 Archivo José alberto López Truque |
| Morrión de Oro 2003 - Jeronimo Gutiérrez Carmona Foto José María Navarro Cayuela |
Tras la semblanza realizada por el querido cofrade Juan Rodríguez, el acto continuó con uno de sus momentos más significativos. El presidente de la Agrupación de Granaderos impuso a Jerónimo el Morrión Granadero, distinción que constituye un requisito indispensable para recibir, posteriormente, de manos del Morrión de Oro saliente, la insignia correspondiente a tan majestuoso nombramiento. El acto fue clausurado finalmente por la intervención del Hermano Mayor, poniendo el broche institucional a la ceremonia.
Por otra parte, tras catorce años de investigación y treinta y dos años de vivencias como granadero, el hermano de la Agrupación de Granaderos, José Alberto López Truque, presentó el 3 de abril en el local social de la Cofradía Marraja su obra titulada “Granaderos de Bandera”, editada por Aglaya. La presentación destacó no solo por el valor documental y humano del libro, sino también por el gesto altruista de su autor y del editor, Ángel Márquez Delgado —Morrión de Oro 2002 y hermano de la Agrupación—, quienes decidieron donar íntegramente los honorarios obtenidos por la venta de los ejemplares a la propia Agrupación de Granaderos Marrajos.
El 5 de abril, tras la finalización del ensayo general del Tercio de Caballeros Cadetes, se organizó en la calle Jara una fiesta infantil dirigida a los propios componentes del tercio. Para ello, se solicitó el corte del tráfico, con el objetivo de poder desarrollar la actividad en un entorno seguro y plenamente dedicado a los más jóvenes.
La iniciativa, impulsada por José Alberto, nació como un reconocimiento al esfuerzo realizado durante los ensayos, buscando ofrecer un premio final a las nuevas generaciones de granaderos y fomentar, al mismo tiempo, un ambiente de hermandad orientado al futuro.
La celebración contó con una variada programación que incluyó la participación de payasos, música, juegos, regalos y una merienda preparada por la vocal del Tercio de Caballeros Cadetes, doña Laura Tudela Alcaraz, con la colaboración de los propios componentes del Tercio de Granaderos.
Especial mención merece la implicación de la vocal y de sus colaboradoras, doña Dolores Jiménez y Marisa Martínez, quienes no dudaron en caracterizarse de payasos para animar la jornada, desempeñando una labor excepcional que contribuyó decisivamente al éxito de la actividad y a la alegría de los Caballeros Cadetes.
| Fiesta Infantil en la Calle Jara 2003 La Hermana "Marisa" Incansable en su colaboración Foto de José Alberto López Truque. |
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| Entrega del Mando como Oficial Jefe del Tercio de Granaderos Marrajos a mi Hijo Alberto José López Tudela Pasacalles de 2003 - Héroes de Cavite |
A lo largo del proceso, y tanto en los momentos previos como durante las gestiones internas, le propuse reiteradamente al Presidente el nombramiento de “Presidente de Honor” de Diego Lledó Fajardo, una distinción que tradicionalmente se concedía de manera inmediata tras dejar el cargo, tal y como había ocurrido en los casos de Juan Sánchez Acosta y Jesús Egea García. La intención era formalizar dicho reconocimiento en la tradicional cena del Sábado Santo, ante la presencia de 148 asistentes. Sin embargo, la propuesta no llegó a materializarse en ese momento, quedando aplazada sin una explicación clara. Años después, cuando se volvió a plantear su reconocimiento como “Morrión de Oro”, la propuesta fue rechazada para esa distinción, ofreciéndose en su lugar el nombramiento anterior de Presidencia de Honor. Esta situación dejó entrever ciertas tensiones internas y la persistencia de recelos hacia la figura de Diego Lledó dentro de la Agrupación, cuya influencia seguía generando reservas en algunos sectores.
En la mencionada tradicional cena del Sábado Santo, con una asistencia de 148 personas, se desarrolló un extenso acto de reconocimientos y distinciones. Se entregó el Alfiler de Oro de la Agrupación a Doña Maribel Zayas Castell, el Morrión de Plata a D. Lorenzo Moreira y D. José Pérez, y las Metopas de Honor a los granaderos Benito Pérez García y Juan Gregorio Martínez Pérez. Asimismo, se nombró Cabo de Escuadra a D. Daniel Martínez Pérez, Segundo Oficial del Tercio a D. Ángel Ros Sánchez y Oficial Jefe del Tercio a D. Alberto José López Tudela. Entre otros reconocimientos, se distinguió como Nazarenas Distinguidas a las señoritas Noelia López Tudela, Yesica María Gallego e Isabel del Pozo. El acto concluyó con el nombramiento de José Alberto López Truque como Oficial Jefe de los Tercios a perpetuidad, distinción que fue sellada mediante la entrega de un bastón de mando por parte del Presidente.
En el plano económico, el ejercicio 2002/2003 de la Agrupación de Granaderos Marrajos reflejó unos ingresos de 37.677,06 €, unos gastos de 36.887,63 € y un saldo inicial de 789,43 €, al que se sumó un donativo de 108 € aprobado en Junta General, alcanzando un saldo final de 897,43 €. La aportación de la Cofradía Marraja a los Granaderos ascendió a 1.418,95 € destinados a la adquisición de 15 nuevos morriones. No obstante, por primera vez en este periodo, los Granaderos Marrajos realizaron una aportación a la Cofradía de 310,25 €, destinada a fines solidarios como el donativo a Cáritas, el pago del conserje y la campaña de Navidad.
El gasto más relevante del ejercicio correspondió al almacén, donde se abonaron 4.764,41 €, destinados a la adquisición de 15 morriones, tres trajes nuevos, bayonetas y diverso material de renovación. A partir de estas cifras, se presentaba la idea de que el esfuerzo económico y organizativo permitía recuperar, en parte, la estabilidad de etapas anteriores, llegando incluso a compararse con la época de gestión de Jesús Egea. Todas las cuentas fueron detalladas partida por partida en la Junta General, donde finalmente quedaron aprobadas, siendo entregadas a la Cofradía Marraja el 11 de mayo de 2003. Con ello se dio cierre al ejercicio, dando paso al nuevo periodo 2003/2004, que comenzó el 12 de mayo de 2003 con un saldo inicial de 789,43 €.
A este balance se añadían pendientes de cobro de ejercicios anteriores: 504,00 € correspondientes a 2001/2002, 1.150,04 € del ejercicio 2002/2003 y 108,00 € de impagados de 2003, lo que sumaba un total de 1.762,04 € en pendientes. Asimismo, figuraban 962,00 € en concepto de pagos pendientes. Con estos datos, el resultado final se establecía en 1.589,47 €, una vez realizados los ajustes correspondientes.
En el caso de los pagos pendientes, estos se derivaban de encargos realizados por el presidente a distintas empresas y servicios, como floristería, imprenta, sello dorado, empresa de reparto MP3 y sombrerería, quedando a la espera de la justificación correspondiente de dichos gastos. Esta situación evidenciaba una gestión económica dependiente de compromisos no completamente regularizados, lo que añadía cierta incertidumbre a la lectura global de las cuentas.
Paralelamente, los trabajos de cara al año 2004 comenzaron con una reflexión interna sobre la dificultad creciente de mantener el Tercio de fusileros con su estructura tradicional de cinco filas de tres. La conclusión de este análisis apuntaba a un modelo de progresión interna en el que los fusileros pudieran ascender hasta sargento o, en función de su estatura, incorporarse a la escuadra. Sin embargo, esta propuesta chocaba con una realidad organizativa más compleja, marcada por decisiones que, según se observa, no siempre tenían en cuenta el equilibrio del conjunto del tercio.
Se señala, además, que el problema no residía únicamente en las dificultades expuestas, sino también en ciertos criterios de selección y promoción basados en apreciaciones subjetivas, resumidas en expresiones como “si miden lo mismo que yo, valen”, lo que generaba una percepción desigual dentro del grupo. A ello se sumaban reformas consideradas poco adecuadas en la uniformidad, como el alargamiento excesivo de las colas de las guerreras, que visualmente alteraban la proporción del conjunto y afectaban a la imagen del tercio. Igualmente, se observaba una reducción progresiva de los pasacalles para evitar el cansancio, así como una creciente presencia de integrantes de menor edad, lo que modificaba la percepción tradicional del cuerpo. Todo ello reflejaba una transformación del tercio en la que, según esta visión crítica, se estaba perdiendo parte de la exigencia y del espíritu formativo que lo había caracterizado en etapas anteriores.
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| Guerreras de Fusileros de la época de 1970 a 1985 Foto de Juan Soto Martínez |
| Año 2003 Colas de los Granaderos más largas Martes Santo en San Pedro |
Esa reflexión, formulada en su momento, encuentra eco en la situación actual del Tercio de Granaderos Marrajos, donde ciertas decisiones acumuladas parecen haber derivado en un desgaste progresivo de su estructura interna. Cuando la gestión se centra en los nombramientos y en los equilibrios de poder, descuidando el trabajo de base y la cohesión del grupo, el resultado termina siendo contraproducente, como si se generara una tensión interna capaz de afectar al conjunto de la “casa” que se pretende mantener.
Con el paso de los años, se ha observado una reducción de los ensayos y una tendencia a priorizar la dinámica de la directiva por encima del desarrollo del propio tercio. Esta evolución ha ido desplazando el foco desde la formación y la disciplina hacia una gestión más dependiente de la inercia institucional y del respaldo económico de la Cofradía Marraja. Sin embargo, el problema no se limita al ámbito financiero, ya que no todo puede resolverse únicamente desde lo económico ni delegarse en la estructura superior.
En este contexto, la figura del presidente corre el riesgo de quedar reducida a un cargo sostenido por tradición más que por convicción, donde el nombramiento no siempre va acompañado de la exigencia o la capacidad necesarias para estar a la altura de las circunstancias. Así, la responsabilidad deja de ser una cuestión de liderazgo activo para convertirse, en algunos casos, en una posición más simbólica que operativa, lo que contribuye a la pérdida de dinamismo y de sentido colectivo dentro del Tercio.
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| Pasacalles de Granaderos Marrajos- Preparados para la Misa de Cumplimiento Pascual Iglesia de la Caridad Foto de Juan José Lorca Cervantes. |
| Cartel del 75 Aniversario Realizado por José Pérez |
l 27 de febrero de 2004 tuvo lugar la cena en homenaje al “Morrión de Oro” de ese año, distinción que recayó en la persona de D. Pedro Ferrández Flores. El acto se celebró en los salones del Club Deportivo Militar Santiago de Suboficiales, reuniendo a numerosos miembros de la Agrupación en un ambiente solemne de reconocimiento.
Aunque no se cuestionaba que D. Pedro fuera merecedor de tan honorable nombramiento, existía en determinados ámbitos cierta lectura previa del proceso de elección que generaba sorpresa. En los ensayos y conversaciones previas a la Junta Directiva, el Presidente de la Agrupación parecía tener una posición ya definida. Este hecho resultaba llamativo para algunos, especialmente si se tiene en cuenta que en la Junta de formación de terna a Presidente tras la dimisión de Jesús Egea después de la Semana Santa de 1993 —reunión presidida precisamente por D. Pedro Ferrández—, cuando Tomás del Pozo manifestó su intención de presentarse a la presidencia, D. Pedro le habría respondido con palabras que desaconsejaban dicha aspiración. Aquel recuerdo, reinterpretado con el paso del tiempo, añadía una carga de matiz personal a la percepción del nombramiento.
En el mismo periodo, se procedió al nombramiento de varias figuras representativas dentro de la Agrupación. Fueron designadas como Madrina de la Agrupación Doña Eva Márquez Zayas, Madrina de Banderas la señorita Cristel Maite Ramos Velásquez y Madrina del Tercio de Caballeros Cadetes la señorita María Escribá Ros. Asimismo, se nombró Coronel Honorario al Ilustrísimo Coronel del Tercio de Levante, D. Baldomero Rodiles Palomo, consolidando así los vínculos institucionales y simbólicos con el ámbito militar.
En lo relativo a los desfiles de la Semana Santa de 2004, se mantuvo un nivel considerado adecuado, aunque se observaba el esfuerzo creciente de los componentes más jóvenes, que llegaban en ocasiones muy fatigados al Viernes Santo, reflejo de la exigencia física acumulada a lo largo de los días de procesión.
Como hecho destacado, por segundo año consecutivo se celebró la fiesta de los cadetes tras su ensayo general, el 27 de marzo a las 18:30 horas, consolidando una iniciativa orientada a reforzar la convivencia entre los más jóvenes del tercio.
En el cierre económico del ejercicio 2003/2004, los ingresos ascendieron a 40.752,59 €, a los que se sumó el saldo del ejercicio anterior de 897,43 €, alcanzando un total de 41.650,02 €. Los gastos, por su parte, fueron de 41.473,79 €, lo que dejó un saldo final de 176,23 €. La Cofradía Marraja aportó únicamente la financiación correspondiente a los trajes blancos, interpretándose por segundo año consecutivo que los Granaderos Marrajos eran capaces de sostener económicamente sus propias salidas.
Con las cuentas aprobadas y entregadas a la Cofradía Marraja, la Agrupación se preparaba para la salida del Corpus, acto que, como era habitual, era costeado por la propia Cofradía. Todo quedaba dispuesto, además, para el estreno de los nuevos uniformes, símbolo visible de la renovación de aquel ejercicio.
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| Sección de Honores Blancos - Corpus Foto de Ines Baleriola Pérez En esta foto se ve claro el desproposito de las colas. |
A lo largo de aquel periodo, se insistió en repetidas ocasiones sobre la situación del nombramiento de Diego Lledó como Presidente de Honor, obteniéndose siempre la misma respuesta evasiva: “ya lo veremos, nenico”. Esta falta de concreción no solo prolongaba la incertidumbre, sino que reflejaba un modo de proceder basado más en la dilación que en la toma clara de decisiones.
En paralelo, el ambiente dentro de la directiva había cambiado de forma notable. La convivencia interna se volvió tensa y poco estable, hasta el punto de que comenzaron a aflorar quejas constantes hacia la gestión del presidente. Algunos miembros expresaban su malestar de forma contenida, otros de manera más vehemente, e incluso con reproches abiertos. Se generó un clima de desconfianza generalizada, en el que cada decisión era cuestionada y cada nombramiento parecía abrir nuevas fracturas internas. En ese contexto, determinadas expectativas personales no cumplidas intensificaron aún más el malestar, dando lugar a reacciones desproporcionadas y a una progresiva pérdida de cohesión.
Sin embargo, más allá de las tensiones puntuales, lo que se iba consolidando era una dinámica de enfrentamiento interno difícil de sostener en una hermandad de carácter religioso. Con el tiempo, se hace evidente que el problema no puede reducirse a la atribución de culpas individuales, ya que cada uno desempeñó el papel que le correspondía dentro de una estructura cada vez más frágil. La esencia de la Agrupación, basada en la hermandad, el compañerismo y el esfuerzo compartido, fue quedando en segundo plano frente a intereses personales y dinámicas de poder que no siempre respondían al espíritu fundacional. En ese proceso, se produjo una desviación progresiva de los valores esenciales, dando lugar a una etapa de desgaste que marcaría el inicio de un declive posterior.
No obstante, en la cena de cierre del 75 aniversario, celebrada el 6 de noviembre de 2004, se produjo finalmente el reconocimiento largamente esperado: el nombramiento de Diego Lledó Fajardo como Presidente de Honor. Posteriormente, incluso se le concedió el Morrión de Oro, distinción que para muchos representaba un acto de justicia histórica. Sin embargo, este reconocimiento no llegó de manera aislada, sino acompañado de otros nombramientos relevantes, como el de Morrión de Oro 2005 a D. José Luis Mendoza Pérez, lo que para algunos evidenciaba una lógica de compensaciones cruzadas, interpretada como un sistema habitual de equilibrios internos basado en el intercambio de favores y reconocimientos.
En este contexto, también se reabren interpretaciones sobre el papel de determinadas figuras en la historia reciente de la Agrupación. Se recuerda cómo, en sus inicios dentro de los Granaderos Marrajos, el actual presidente, no tenía nada que ver con los Granaderos Marrajos hasta el año 1985, llegando posteriormente a la atribución de distintos roles en el ámbito cofrade, mencionándose incluso su supuesta designación como comisario encargado de los Granaderos en una entrevista. No obstante, otras versiones matizan estos hechos, señalando que tales responsabilidades no fueron formalmente asumidas en el organigrama oficial de la Cofradía, en la que el Hermano Mayor ejercía la autoridad máxima y la presidencia de Juan Sánchez Acosta se extendía hasta 1981. También se recuerda que la presencia de determinadas personas en desfiles y actos de la época era habitual, en un contexto donde la participación podía estar vinculada a diferentes relaciones institucionales o militares.
En conjunto, estos episodios reflejan una etapa compleja, marcada por interpretaciones divergentes del pasado, tensiones internas y una progresiva pérdida de consenso, en la que la memoria de los hechos se entrelaza con percepciones personales que condicionan la lectura global de lo ocurrido.
Desde una lectura crítica de los acontecimientos y tensiones acumuladas a lo largo de los años, algunos episodios del pasado comienzan a interpretarse como parte de una dinámica interna de poder dentro de la Agrupación de Granaderos, especialmente en torno a la relación entre el Hermano Mayor, determinados responsables de la Cofradía y la presidencia de la propia Agrupación.
No es hasta 1985, año en el que se produce la disolución de la Agrupación de Granaderos, cuando el Hermano Mayor José Luis Meseguer encarga a una figura concreta la tarea de colaborar con el presidente Francisco Girón en la gestión de las bandas, en un contexto económico especialmente delicado. La Agrupación atravesaba entonces serias dificultades financieras, hasta el punto de que no disponía de recursos suficientes para asumir determinados gastos, mientras que la Cofradía Marraja, según se establecía en sus criterios de gestión, no estaba dispuesta a seguir soportando determinadas cargas económicas.
En ese escenario, se le encomienda la misión de negociar con el Maestro Andrés de la Cruz Roja para intentar que las bandas participaran sin coste para la Agrupación. Sin embargo, el resultado final fue el contrario al esperado, ya que la participación terminó realizándose con coste económico, lo que incrementó la tensión ya existente y profundizó el desgaste institucional del momento.
A partir de esta situación, y desde una interpretación crítica posterior, algunos consideran que se fue configurando un clima de desconfianza y de creciente intervención en las competencias propias de la presidencia de la Agrupación. Bajo esta lectura, el papel del Hermano Mayor en determinados momentos podría haber influido en la toma de decisiones internas, generando un desplazamiento progresivo del protagonismo del presidente hacia otras instancias de poder dentro de la Cofradía.
Sin embargo, más allá de las interpretaciones personales, lo cierto es que el contexto general estaba marcado por una etapa de reorganización y crisis interna, en la que las decisiones no siempre se tomaban de forma armónica ni consensuada. Este periodo de tensiones acumuladas ayuda a entender por qué, años después, especialmente de cara a la Semana Santa de 2005, el ambiente volvía a mostrarse especialmente cargado, con lo que algunos describen como una “marejada” interna que aún arrastraba conflictos no resueltos del pasado, al actual Presidente, le sobraba el fiel testigo de aquella historia, esperaba el momento oportuno para desacérse de él.
Continuó ejerciendo como Madrina de la Agrupación de Granaderos Marrajos Doña Eva María Márquez Zayas, manteniéndose así la continuidad de esta figura de representación dentro del ámbito institucional y ceremonial de la Agrupación.
En el ejercicio 2004/2005 se elaboró un presupuesto notablemente más ajustado, con recortes en prácticamente todos los ámbitos. Se establecieron ingresos mínimos con la misma lógica aplicada a los gastos, buscando un equilibrio estricto de sostenibilidad interna. Los ingresos ascendieron a 17.628 €, mientras que los gastos se situaron en 14.385,50 €, lo que arrojó un saldo positivo de 3.242,50 €. A esta cantidad se sumó el remanente del ejercicio anterior, de 176,23 €, alcanzando un saldo final de 3.418,73 €.
En este presupuesto no se contempló ninguna aportación por parte de la Cofradía Marraja, lo que implicó una gestión completamente autónoma en términos económicos. Se aplicaron recortes en áreas como almacén, protocolo y presidencia, entre otras, consolidando la idea de una estructura capaz de sostenerse con recursos propios, a pesar de las limitaciones. En este contexto, el gasto más significativo volvió a ser el destinado a las bandas, que ascendió a 9.930,50 €, lo que evidenciaba el peso que seguía teniendo este concepto dentro del conjunto de la actividad.
Los Granaderos Marrajos y los Cadetes realizaron sus tradicionales pasacalles con marcialidad y orden, manteniendo la apariencia habitual de disciplina y organización. Sin embargo, más allá de la normalidad externa, se percibía un ambiente interno tenso, difícil de definir con claridad, pero presente en el desarrollo de los actos y en la convivencia cotidiana. Esa sensación latente de inquietud fue creciendo progresivamente hasta que finalmente llegó el Lunes Santo, momento en el que la situación dio un giro significativo dentro del desarrollo de la Semana Santa de aquel año.
Al concluir la procesión y en el Callejón de Bretaún, se produjo una situación de emergencia cuando dos granaderos se desmayaron en plena vía. Inmediatamente se dio aviso a la Cruz Roja, que acudió con una ambulancia al lugar, lo que provocó una rápida saturación del callejón, coincidiendo con la salida de nazarenos y generando un importante tapón de personas y vehículos.
En ese momento, me encontraba en el almacén de los granaderos cuando recibí la llamada del hijo del conserje, informándome de que uno de los afectados era mi propio hijo. Me trasladé de inmediato al lugar, donde me encontré con los técnicos de la Cruz Roja intentando reanimar a los dos granaderos. Ante la dificultad de la situación y con el objetivo de descongestionar el callejón, el conserje abrió el local social, permitiendo que los heridos fueran trasladados al interior para ser atendidos con mayor comodidad y privacidad.
Una vez estabilizados y recuperada la normalidad, los efectivos sanitarios de la Cruz Roja se retiraron, y a los afectados se les ofreció un par de zumos para su recuperación inicial.
Sin embargo, en ese contexto de tensión, se produjo un nuevo episodio de confrontación. El Comisario de Sede, D. Tomás del Pozo, entró en el local dirigiéndose al conserje con la pregunta: “Antonio, ¿qué hace la Cofradía abierta?”. El conserje intentó explicar la situación, pero no se le dio margen para responder, repitiéndose la misma orden de forma insistente. En el momento en que intenté intervenir, se ordenó de manera tajante el cierre inmediato de la Cofradía, tras lo cual el Comisario abandonó el lugar dando un portazo.
Ante la tensión generada y con el fin de evitar males mayores, especialmente hacia la figura del conserje, decidimos marcharnos del lugar. Esta situación no era aislada, ya que durante más de dos años el conserje había trasladado reiteradas quejas relacionadas con la gestión del bar, del cual yo era el comisario encargado de supervisar aspectos como las listas de precios, los inventarios y el control general del servicio, lo que había generado un clima de fricción continuada en ese ámbito, en donde este señor, tenía otras intenciones para adjudicar el servicio de bar, a un familiar.
Durante toda la Semana Santa, el ambiente se mantuvo contenido, con las palabras justas y evitando deliberadamente sacar a relucir determinados asuntos. La atención estuvo centrada en el desarrollo de los desfiles, especialmente por tratarse de un tercio de fusileros muy joven, con presencia de varios cadetes. En ese contexto, mi labor se concentró en la supervisión constante de la formación, el control de las filas y la atención a las incidencias físicas propias del esfuerzo, como dolores de cuello, tirones o molestias de espalda, que se convirtieron en una preocupación habitual durante aquellos días.
Finalizada la Semana Santa, se procedió a la recogida del vestuario y a la celebración de la Junta General, en la que se aprobaron las cuentas previamente explicadas de forma detallada, así como el resto de puntos incluidos en el orden del día. Sin embargo, al intentar abordar nuevamente el asunto relacionado con la Cofradía, la conversación fue evitada, eludiéndose cualquier pronunciamiento claro al respecto.
Posteriormente, en una Junta de Mesa, durante el turno de ruegos y preguntas, expuse lo sucedido, señalando además una contradicción que consideraba evidente: si la Cofradía debía permanecer cerrada el Lunes Santo por motivos de orden, esa misma norma debería haberse aplicado también durante la Procesión del Silencio, en la que, sin embargo, había personas en el interior del edificio viendo la procesión e incluso cenando. La intervención generó sorpresa en el Hermano Mayor, que manifestó no esperar una exposición de ese tipo en ese momento, hasta el punto de indicar que lo revisaría y enviando posteriormente a un emisario para comunicarme que debía subir a su despacho tras la reunión.
Al acudir al despacho, la recepción fue visiblemente incómoda. El Hermano Mayor me preguntó directamente qué estaba ocurriendo entre Tomás del Pozo y yo, a lo que respondí que, en realidad, él debía saberlo, ya que una de las personas presentes el Jueves Santo en esa dinámica era él mismo. Con insistencia, me recalcó que cualquier problema debía tratarse previamente con el Hermano Mayor y no exponerse en una Junta de ese modo, aunque, como señalé, en numerosas ocasiones anteriores ya se había intentado abordar la situación por vías internas sin obtener respuesta efectiva.











